Ensayo sobre desarrollo social
Lamento la decepción de aquellos que celebran la Revolución Mexicana como el gran suceso que esperaba el pueblo mexicano, y no es mi frase incentivo a la depresión, la tristeza, la resistencia civil pacífica ni mucho menos una guerra civil. Mi único propósito es abrir los ojos, para que las decisiones que se tomen de este momento en adelante tengan un poco más de coherencia con lo que nos representa nuestra historia.
Hablemos del comienzo, la Revolución no tiene sus bases en las desigualdades, en la falta de oportunidades ni en las condiciones sociales en que se encontraba el país: que si bien en un momento fueron pauta para que el pueblo apoyara la lucha, en el comienzo no representaban una verdadera fuerza activista; tampoco es causa del enojo colectivo hacía el gobierno de Díaz, como muchos lo quisieron plasmar después de arribada la paz. La realidad es que el único error que Díaz; patriota; cometió, fue el haber levantado los ánimos de aquellos que buscaban un poco de poder. No pretendo desmeritar los motivos que conformaron el primer pliego petitorio de los insurrectos, pero la realidad es que no es un movimiento popular en un inicio: Es un movimiento de la cumbre gobernante en México, sobre la cumbre gobernante en México. Madero no buscaba la justicia social con la que se le ha aclamado; sin querer puntualizar en que no la hubiera habido durante su gobierno de haberse concretado; sino probar las delicias del poder, que era lo único que no se tenía en la época: Poder.
Después de ver que con miel no se cazan más moscas que con vinagre, los insurrectos se vieron obligados a buscar maneras diversas de envalentonar al pueblo a que los siguiera, sea prometiendo tierra, sea prometiendo libertad o fuera prometiendo igualdad, orden y progreso; aunque al final el presidente que resultó terminar con la lucha, y dejar al país en una paz irregular y poco estable, fuera un defensor de las ideas de Porfirio Díaz: Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila durante el Porfiriato.
La verdad es que si bien las leyes cambiaron, nuestra actitud no. Ahora gozamos de una serie de garantías ideales que funcionarían a la perfección con actitudes ideales. Tenemos derecho al trabajo y toda una colección de títulos cuyas bases sentadas por Nestor del Buen, son sujetas a jurisprudencia en tribunales federales. Tenemos derecho a la educación; de la cual he sido testigo directo; funciona de maneras abruptas en algunos casos, pero de maneras nobles en otros. La verdad es que lo único que tenemos, lo único que realmente hemos tenido desde nuestro nacimiento como una nación independiente, aquello que siempre ha marcado el rumbo de nuestras decisiones es: una nación dividida en dos partes, que en algunas ocasiones tienden a ser más iguales que en algunas otras. Tenemos una parte que vive en pobreza extrema y otra que vive bien.
El problema no es la diferencia social, el problema verdadero son los lobos vestidos de oveja, son aquellos que estando de un lado de la población envalentonan al otro para apoyarlos en sus causa sin que en realidad se muestren desde su lado.
Tenemos un país desigual y lo primero que tenemos que hacer es aceptarlo, verlo de frente y preguntarnos: ¿Por qué tenemos esta desigualdad? Y… talvez hasta más importante: ¿Queremos esta desigualdad en nuestro país? La verdad, y debemos aceptarla: esta desigualdad no es tan mala después de todo. Esta desigualdad nos deja tener una mano de obra barata que logra que nuestras empresas tengan desarrollo y proyección internacional, de esa manera más trabajos en áreas de conocimiento son abiertos y tenemos una mejor oportunidad cuando hayamos terminado nuestra formación, esta desigualdad logra que siempre haya alguien dispuesto a ayudarnos si le damos para el chesco; esta desigualdad logra que finalmente nosotros no seamos los pobres, porque sabemos que siempre hay alguien que está más “jodido” que nosotros. Precisamente esta frase salta en los índices de felicidad como la principal razón del porque la gente en México es tan feliz y no se considera tan pobre.
La realidad es que nos gusta vivir con la desigualdad, de hecho nos encanta y exhorto a los que no, a que regalen todo cuanto tienen a los que consideren más pobres que ellos, y junto a ellos que formen su propio país y vivan en igualdad de condiciones ahí( donde probablemente sí haya igualdad en la pobreza). Suena bizarro, pero suena más bizarro oír quejas sin un fundamento real y de gente que, como califique hace un momento, representan lobos vestidos de ovejas. Mejor sería ser honestos desde el principio y aceptar esta desigualdad, que tanto nos gusta, y trabajar con ella en tener un país no más igual, pero si más justo, más confiable y donde la línea que divide a las dos partes de la población sea más fácil de cruzar.
Vamos a ponernos filosóficos, vamos a hacer una afirmación que muchos van a considerar ilógica e incoherente pero que es un eje vector en economías como la de E.U.: El motor de la economía de una región depende de esta desigualdad. (En EU se tiene una política fiscal que favorece a los más ricos, para que estos levanten al país junto con los más pobres, en México también, pero en EU se habla abiertamente de ella) El comunismo tiene una de sus principales fallas en buscar que todos sean iguales, y yo me pregunto ¿Por qué Kart Marx querría que yo fuera igual a alguien que no puede escribir con la misma elocuencia que yo?, sin llegar a ser pretencioso, es verdad, ¿por qué la valoración de mi trabajo tiene que ser igual a aquella de otras personas que hacen menos esfuerzo que yo en hacer las cosas, o que las hacen con menos esmeros, o que, inclusive, las hacen sin sonreír?. Eso es lo que yo llamaría injusticia.
Ahora, del otro lado de la moneda tenemos esta desigualdad como un factor clave en el impulso social y les propongo una idea loca: Si no supieran que existe el Internet tendrían necesidad de él, como la tienen hoy en día. Para mí, en una tesis disparatada, el saber que hay gente más rica que uno mismo, promueve que se quiera tener más y es ese deseo el que impulsa a generar riqueza en si misma y a generar un mejor nivel de vida. (Personalmente me pongo en los zapatos de Slim y no puedo imaginarme un día sin la angustia de no saber cual es mi siguiente paso en la vida profesional ahora.) Es tan sencillo como ponerlo de la siguiente manera: Imaginen el mundo sin el G8, es decir, eliminen a Estados Unidos, a algunos países de Europa, a Rusia y a Japón; México queda como la 3.- o 4.- economía. La gran pregunta es: ¿creen que seguiríamos quejándonos de los mismos problemas sociales que tenemos?, imagínense el mundo así y generen en verdad una simulación de la actitud que tendríamos hacía la vida, hacía la riqueza y hacía los demás países: los africanos, los sudamericanos, asiáticos y los europeos que quedaran.
Pero bueno, vamos a llevar esto un poco más lejos, casi llegando al extremo de la demencia:
Supongamos que hay en el mundo 4/6 de pobres que no tienen que comer, 1/6 que sobrevive más o menos y 1/6 que vive bastante bien (lo cual no está tan lejos de las estadísticas reales), la pregunta del millón y la última de la noche es: cuando fueran a nacer en el mundo, suponiendo que lanzaran un dado y de acuerdo al número obtenido nacieran en alguno de los sectores de riqueza que hemos mencionado (lo cual a mi manera de ver las cosas, tampoco es tan descabellado que en realidad suceda); ¿Dejarían que el azar se encargara de decidir en donde nacerían y con cuantas oportunidades; O buscarían cambiar eso y volvernos a todos iguales aunque eso significara ser pobres todos, a la luz de lo que conocemos actualmente?
Yo les aseguro que la mayoría de la gente, casi toda; preferiría arriesgarse; prefiere apostar un poco al riesgo. (Al final de cuentas en la vida hay que tener suerte).
Al retomar los pasos de mi ensayo, cuyo propósito no es validar la idea de la desigualdad social; confirmando lo que dije arriba sobre el propósito del mismo, la toma de decisiones en el país tiene que llevar una dinámica que se adapte a esta tesis y las partes tienen que entenderla de esta manera. Para mí lo más importante no es tener sino la posibilidad de tener.
Creo que la política pública debe ir enfocada a facilitar el puente que existe entre la clase más pobre del país y la más rica, sin dejar que este puente se llene de gente. Tiene que haber mecanismos que permitan a la gente seleccionada salir de la pobreza para convertirse en ricos: El problema es en que basar esos mecanismos, y volvemos al problema que planteábamos con Marx. ¿Quién debe ser pobre? ¿Aquél que no sea tan elocuente al hablar acaso? Una buena manera sería en la capacidad mental, a mi gusto, la más idónea. La otra parte de la política pública debe crear un suelo, un fondo de pobreza, de donde no se pueda caer más bajo: Este sí fue un avance durante la Revolución con las leyes promulgadas, pero tenemos que acabar de ponerlo en práctica.
