miércoles, febrero 03, 2010

Ensayo sobre la otredad...

Era la primera vez que me subía a un avión, todo era emocionante y todo era asombrosamente nuevo. Había palabras que no alcanzaba a entender ni en mi propio idioma dado su uso exclusivo en los aeropuertos o en los mismos aviones. Dentro de mí sentía un nerviosismo extraño. No tenía ni la menor idea sobre si sentiría pánico nervioso y dolor de cabeza cuando empezáramos a despegar o si sólo sería una pequeña de bajar una pendiente a una velocidad acelerada. Tampoco sabía cómo me vendrían las 11 horas de viaje, y el cambio de horario, eso sin contar el famoso jetlag: Que en mi vida, jamás había experimentado.

Sin embargo lo logré, desafíe toda adversidad y triunfé de una manera abrumadora.

Llegué a Europa esperando ver el llamado primer mundo. Un mundo ideal, donde la gente es feliz por que lo tiene todo. Donde la gente es honesta por que la cultura les dice que así hay que serlo. Donde el orden social se impone sobre la voluntad del individuo y las reglas se hacen para ser cumplidas; por la simple razón de que la sociedad tiene otra cultura.

Esperaba también ver el desarrollo, el progreso. Quería ver eso que tienen las ciudades estadounidenses que las diferencian de las mexicanas. Esa opulencia en la infraestructura. Puentes sobre puentes que pasan por encima de túneles que conectan ciudades enormes: Polos de desarrollo y de conocimiento. Todo esto, ya la había visto en Estados Unidos, y me gustaba una parte de ello aunque no me encantaba del todo porque pensaba que carecía de una verdadera cultura de emociones sociales. En pocas palabras: Todo eso me parecía un poco vano sin un contexto y un trasfondo cultural que lo sustentara.

Tal vez por eso esperaba encontrar en Europa algo a lo que no estaba habituado, cosas increíbles de las que sólo se hablaba en la televisión y se mostraban en las películas como algo surreal. La maravilla de las ciudades del viejo continente, donde la miseria no existe y la pobreza es algo que se fue con la edad media. Donde la gente es rica. Donde la gente tiene un poder adquisitivo elevado al resto del mundo y un conocimiento y educación muy por encima de la media global.

Finalmente esperaba una conciencia social diferente. Una verdadera cultura de la salud, de la ecología, de la trascendencia de las ideas y tendencias nuevas.

La verdad fue que me encontré con un Londres muy por debajo de lo que esperaba. Cuando salí del aeropuerto lo primero que quise hacer fue fumar un cigarro y busque el área destinada para ello. Al parecer todo el estacionamiento techado del aeropuerto lo era; todo el mundo fumaba, y lo hacía en demasía. Como todos los europeos que he conocido. En México la mitad de la gente fuma y la otra mitad no lo hace. Aquí prácticamente tres cuartas partes lo hacía. Después vino una sorpresa aún mayor. Y es que el metro de Londres no está preparado para recibir ni a personas discapacitadas ni a gente de la tercera edad. Hay muy pocas estaciones del transporte que cuentan; ya ni siquiera con escaleras eléctricas; con rampas de acceso. Todo se basa en un sistema de escaleras de concreto enormes.

Así seguí llevándome la mano a la cabeza y recordándome las muchas cosas en las que somos mejores en “el país en desarrollo” donde vivo. Las calles de Londres son pequeños callejones que recuerdan el centro histórico de una ciudad cualquiera de México. Las avenidas son de dos carriles, salvo las muy importantes, que en ninguno de los dos casos anteriores son muy abundantes.
Por las noches, se veía a los vagabundo durmiendo en las calles y pidiendo limosna. Gritándole a la gente que pasaba cerca de ellos.

Los grandes monumentos que siempre había considerado como algo distinto a todo lo que había visto antes: no lo eran. Eran más de los mismo, era una torre de reloj con un edificio antiguo. Una rueda de la fortuna un poco más grande de lo habitual y un palacio de Buckingham que se queda corto, o al menos al par de ciertas casas que yo he visto en México. La verdad es que trataba de asombrarme yo mismo, trataba de decirme: -Germán esto no lo ves todos los días, esto es algo increíble, esto lo vas a recordar como un momento único.- La verdad es que lo único que me queda de Londres es decir que ya estuve ahí y que no me gustó. Pero que iba a hacer, Londres era el modelo a seguir de los demás. Para los ellos, Londres era una ciudad increíble donde podían comprar cosas que en el resto de Europa no podían. Londres era la ciudad de los caminos grandes, y del desarrollo en infraestructura. Y si yo pensaba pasar un año en Europa, cualquier otra ciudad iba a ser menos que Londres.

Cuando llegué a Paris, venía en el tren repitiéndome que me iba a gustar. No sé si fue un efecto hipnótico o no, pero me agrado mucho más que la otra. Aunque mis expectativas de comparar París con una Nueva York, seguían siendo todo menos acertadas.

La cultura Europea es muy diferente a lo que yo creí. Es una burocracia enredosa, que nunca logré entender bien. Es una sociedad donde hay mucha más pobreza de la que creemos, y aunque hay más igualdad entre la mayoría de la gente. Hay mucha diferencia entre lo que es ser rico y ser clase media. Si bien es cierto que la clase media en Europa es más grande que en México, lo cierto es que el abismo que hay entre ésta y la clase alta es tan profundo que resulta casi imposible traspasar esta barrera. Aparte la clase media Europea es, a mi manera de ver las cosas mucho más pobre que la clase media en México. Digo a mi manera de ver las cosas porque en realidad está en función del índice con el que se pondere la riqueza. Para efectos prácticos yo la considero comodidad. Sin embargo, ellos piensan que la riqueza se pondera en función del tiempo libre y de disfrutar las cosas pequeñas de la vida. Es precisamente está divergencia la que marca la manera de vivir a ambos lados del atlántico, la que marca la actitud que ambas poblaciones tiene con respecto al trabajo, y la forma en que ambas poblaciones se ven la una a la otra.

Para mí, en resumidas cuentas y atañendo al tema que nos incurre, entre más rico se sea, se puede tener un mejor automóvil, que permita estar más cómodo. Se puede comprar una casa más grande donde se pueda vivir mejor. Se puede vacacionar en hoteles cómodos y comer en restaurantes donde la comida sepa bien y el servicio sea bueno. Creo que eso es algo que se da en México, y no me refiero sólo a los niveles altos, me refiero a casi todos los estratos de la sociedad. Tal vez sólo excluya a la gente que vive en pobreza extrema y a la gente que no tiene qué comer.

Aquí, en Francia al menos, la gente no compite por la riqueza, ellos se consideran ricos, porque todos tienen transporte, que es muy caro, pero fácil de pasarse sin pagar. Porque sólo trabajan 35 horas a la semana y porque tienen más vacaciones que trabajo en el año. Se consideran en un estado de bienestar porque los domingos nadie trabaja, ni siquiera los restaurantes, porque si se quedan sin trabajo el gobierno los sigue manteniendo como si continuaran trabajando(eso explica tasa de desempleo del 20%); Porque el mismo gobierno devuelve dinero a las familias, a los estudiantes, y a las personas enfermas.

Al final del día es una cuestión de percepciones, y no es válido hacer un juicio basado sólo en eso. El punto principal es que me he dado cuenta que no podemos comparar dos sistemas que fueron diseñados para culturas diferentes por culturas diferentes. Pero si no podemos compararnos: entonces, ¿por qué lo hacemos?

¿Por qué dejamos que gente externa a nuestro propio sistema nos diga que estamos menos desarrollados que ellos?, ¿Por qué le damos tanto valor a las fuentes de información extranjera, diseñadas para hacerse quedar bien ellos mismos? Y más importante aún: ¿por qué no creamos nosotros nuestras propias estadísticas, diseñadas para que nosotros mismos estemos encima de ellas?. Hay una y mil cosas en las que somos mucho mejores, que los mejores de aquí. La realidad es que no dudaría un gran declive europeo en los próximos años. ¡Bienvenidos a la era del conocimiento! Muy pronto veremos realmente quien se queda con qué en el mundo.