sábado, abril 17, 2010

Me lleva el tren...

Nunca había realmente entendido el sentido literal de la frase “me lleva el tren…” Pensé, cuando era más pequeño que era una frase compuesta de aquellas que usaba mi abuela y que le había pasado a mi madre y ésta a su vez a mí; de esas frases cuyo significado a veces no entendemos en toda su extensión pero que se queda como parte de la cultura popular y seguimos diciéndolas aunque su significado hoy en día haya perdido todo su sentido.

A veces son cosas que ya ni siquiera existen: algunas vez escuche la palabra repostar y me causó conmoción enterarme que hacía referencia al cambio de posta realizado por las carretas antiguas donde los caballos debían ser cambiados en las estaciones de reposta.

Sin embargo el día de hoy he aprendido por las malas que la frase a la que hace alusión el título de este texto sigue tan vigente como el wifi, la realidad aumentada o skype móvil.

Resulta que ayer tenía un vuelo que salía de Budapest hacía Berlín; salí de mi hotel con suficiente tiempo para tomar el tren hacia el aeropuerto y llegar a registrarme sin ningún problema. Así hice, tomé el tren en la terminal Oeste, y venía a buena hora. Pasamos un par de estaciones y el vaivén combinado con el calor me hizo empezar a cabecear un poco de adormilamiento. Las estaciones que pasamos no tenían sino lapsos de 5 minutos entre ellas. De repente, sin previo aviso ni tiempo para prepararse, llegóa la estación del aeropuerto. Yo pensé que habría más gente que bajaría, que la gente se movilizaría de manera rápida y que todos llegaríamos felices al aeropuerto juntos. Resulta que nadie bajó, todos estorbaban las puertas de salida y mientras bajaba mis maletas de los entrepaños superiores del tren y trataba de caminar por los engentados pasillos de un tren más antiguo que el comunismo, se fue la estación del aeropuerto. El tren se siguió y con él yo. Pasó media hora antes de la siguiente estación; obviamente me bajé en cuanto tuve ocasión, cogí mis cosas y compré un boleto de vuelta para llegar al aeropuerto esta vez. El siguiente tren pasó en 40 minutos e hizo nuevamente media hora de regreso. Llegué al aeropuerto corriendo sólo para darme cuenta que mi avión acababa de salir y que no habría forma posible de que estuviera en Berlín esa tarde. Cambié mi boleto para el día siguiente.

Hoy, llegué al aeropuerto con cuatro horas de anticipación para evitar cualquier inconveniente, pero hay cosas que uno no puede evitar por más que quiera. Como la erupción de un volcán en Islandia que provocó que mi vuelo fuera cancelado. Ahora estoy preso en Budapest. Yo que hace unos días estaba enamorada de la ciudad y de las pobladoras del país, ahora repudio este aeropuerto desde el fondo de mí… Moraleja: En Hungría pasarte una parada del tren puede costarte quedarte una vida entera aquí. Me lleva el tren…