Crónica de una batalla vista desde la tierra enemiga...
Una jornada negra para París, esta vez, ni la mano de Thierry Henry, ni los berrinches de Zidane pudieron hacer frente ante el poder del cuadro verde.
Desde las 7 de la noche, hora de Francia, el “Fan Fest de la FIFA, París”; instalado enfrente de la torre Eiffel; lucía tan lleno como el mismísimo estadio de Sudáfrica donde tuvo lugar el encuentro.
La gente reflejaba un ánimo de desconfianza, de ansias, de miedo. Los periodistas acosaban a los fanáticos mexicanos intentando poner en sus palabras la angustia que sentía la afición azteca ante el encuentro.
Centenas de mexicanos se dieron cita para ver el partido; después el himno nacional, la atmosfera se pintó de verde. Todo el mundo coreaba las estrofas mexicanas a todo pulmón.
El juego comenzó y con él, una rivalidad impresionante por conseguir el dominio del balón. México tuvo varias llegadas, todas aplaudidas por la afición, mientras que los tradicionales gritos de porra contra el arbitro y el portero, al cobrar un saque de meta, no se hacían esperar. De pronto un sombrero, una peluca verde, una peluca tricolor, un bebé envuelto en la bandera nacional.
El primer tiempo fue de emociones fuertes, pero careció de festejos o desilusiones. La pausa de la mitad se vivió como un segundo que antecede a la euforia: los fanáticos estábamos tensos pero tratábamos de calmarnos.
El segundo tiempo: del chicharito; Fue la celebración de todo un país reunida en un sólo punto del globo. Fue un grito de euforia sucedido por el coro de todos los aficionados que pronunciábamos las tres letras de aquella palabra tan maravillosa que tanto nos hace vibrar.
Ya para cuando llegó el gol de Cuauhtémoc todo el mundo estaba listo ya para volver a gritar y otra vez el suelo tembló bajo los pies aztecas, que zapateaban sin cesar ni dar treguar al concreto para reponerse un instante.
En Francia, la gente está triste, pero los mexicanos celebran con el sabor a jalapeño en el corazón, al ritmo del “Cielito lindo” se acabó la noche en la torre.
Aún en la calle se escuchan los gritos de mariachi y las trompetas a momentos. Es tiempo de festejar, es tiempo de volver a creer.

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