domingo, septiembre 02, 2007

Mi vida...

Me desperté a las nueve de la mañana, era sábado y lo que menos quería era tener que ir a trabajar, pero debía hacerlo. Debía cumplir con mi deber para la empresa, que me ayudo tanto cuando lo necesite, no podía defraudarlos. Yo no los necesitaba más, ya no luchaba por el pan de cada día, pero ellos aún confiaban en mí, necesitaban de mí.

De forma honesta confesaré que el trabajo ya me tenía fastidiado y para mí, resultaba un enorme peso el acudir ocho horas diarias a contestar el teléfono en la misma rutina de ayer que prometía ser la misma mañana. No había futuro, no quedaba esperanza para nada, de haber seguido ahí, jamás hubiera tenido esta fabulosa oportunidad.

Renuncié a los dos días, y si, me sentí bastante mal. Supongo que entre la insensibilidad de la costumbre al menos se esconde algo bueno. El sentirse útil, sentirse ocupado, sentir que no desperdicias el día entre comer y cagar.
Así decidí seguir mi vida de estudiante, y aunque tras haber regresado a casa de mis padres, ya no me faltaba comida ni un solo día; mi promedio escolar se fue en picada, siquiera lo rescate.

Entonces me puse a pensar, ¿y ahora que espero de la vida?, entré en una crisis existencial que no me dejaba ni respirar, me atormentaba a todas horas, necesitaba encontrar algo que me hiciera sentir vivo, necesitaba sentir al menos, por que ya no sentía, yo lo atribuí a la falta estímulos para sentir.
Decidí seguir mi rumbo, dejar que la vida me guiara por donde pudiera ir, vagué por ella cerca de un mes, y encontré otra ocupación. Un buen día en el periódico decía que buscaban instructor para dar clases de inglés. Yo domino esa lengua desde que tengo memoria, porque siempre estuve inscrito en escuelas bilingües; al menos mientras viví en Irapuato, que de hecho fue mas de la mitad de mi vida; y nunca se me complicó aprender nuevos lenguajes. Después de ver el anuncio corrí hacía mi carro, lo encendí y me dirigí a la dirección escrita en el papel. Tardé cuarenta y cinco minutos buscando la dichosa escuela, por que no tenía ni un pequeño letrero afuera anunciando que ese fuera el lugar donde enseñaban inglés. En poco tiempo salí del edificio, me había entrevistado con el jefe de la coordinación y con el jefe de la administración, ambos me juraron y dijeron que yo era el indicado y que me contratarían cuanto antes. No fue así, tardaron más de un mes en contactarme. Terminé trabajando para ellos, gran trabajo, gran ambiente, mujeres hermosas,
que más puede un chico de diecinueve años como yo.

Ya con un trabajo firme, que no era tan absorbente, y en el que ganaba bien, decidí seguir con mi formación humana. Debía terminar de estudiar algo. Decidí sociología por que pienso que es idónea para mí. Desde muy pequeño en mi natal México, siempre me distinguí por ser en exceso analítico, yo adoro el entender el funcionamiento de las cosas, desde una máquina, hasta la sociedad misma. Siempre me ha gustado identificar estratos sociales y marcarlos. Mi exnovia lo llamaba discriminación, pero yo siempre he creído que la mejor forma de tratar bien a un individuo es conociéndolo, ya sea, que si es compatible con tu forma de ser te vuelvas su amigo, y si no lo es, simplemente no lo trates.

Así ha sido mi vida, al menos desde que empezó el año. Ha sido un período lleno de cosas que jamás me hubiera imaginado, se me ha ido tan rápido, que ni siquiera lo he visto pasar. Sólo ahora que volteó veo eso que ya no está, pero sé que hacía adelante buenas cosas son las que me esperan.