sábado, abril 11, 2009

Felicidad

No me llamaste hoy y eso que estuve esperando que lo hicieras como por 2 horas. Ya sé que no habías quedado de llamar y que la fecha es inclusive intrascendente. Ja, ya sé que en el tiempo el pasar constante de las personas se vuelve costumbre y que cada vez se vuelve más difícil que te asombren las actitudes de la gente: Te juro que tú sigues sorprendiéndome. Ja, ya sé que mi continuo caminar por la vida; taciturno mientras hablo con la pared, encerrado en la ironía de vivir libre, llorando risas de encanto; debe valer para cachar que llevas casi trescientos cincuenta días sin hablarme. Si lo pones así es muy simple, lo difícil es ponerlo así, porque si lo ves de frente el problema tiene otra faz: He esperado una llamada por once meses. Sí, es cierto que recibí tu carta, jaja, ¿y qué debía hacer? ¿Debía haberte buscado hasta encontrarte?, ¿debía saber desde antes que este momento llegaría? Cuando pensara que tal vez quisiera regresar la vista atrás. Como canta el poeta español: -Perdona si algún día guardé la compostura, no sabes lo que ha sido que haya sido mía.- Y es que como podrías saberlo, ni siquiera yo lo suponía cuando aún te contenía. –Basta de melodramas- dirías claramente si siguieras aquí, y haciendo frente a tu memoria, o la mía que te involucra, cesaré de hacer en prosa lo que en versos te he cantado: Que yo más que querer cosas, quiero que estés tú a mi lado. Dejaré una bella rosa en el marco de tu ventana para que cuando la veas logres evocar la vida que llevabas un año atrás. Creo que también dejaré esa parte mía que se empeña en recordarte sin que logre calmarla, ¿quién sabe qué nombre le darán hoy en día?, pero al menos un año atrás la llamaban felicidad.