sábado, febrero 13, 2010

Amistad

Eramos sólo dos jovencitos jugando a ser adultos, cada uno con su novia, cada uno con sus problemas. Pero amigos, siempre amigos. No importa la circunstancia, ni importa la gravedad del asunto, eso no nos separa.

Cuando menos te das cuenta, el tiempo ha pasado y todo eso en lo que invertiste se ha duplicado con creces.

Fuimos niños, fuimos adolescentes con los mismos errores, fuimos los novios ideales de dos chicas que el azar nos trajo. Fuimos borrachos excesivos, fuimos la sombra del amanecer. Después el devenir se encargo de arreciar contra nosotros, y lo soportamos, y sobrevivimos, y seguimos siendo amigos. Fuimos el desorden en la vida de otros, fuimos la estrella de la mañana de algunos cuantos. Viajamos juntos, reímos, vivimos juntos. Era la época de la locura, cuando en los bares sólo había un baño y las puertas se forraban con piel de zebra. Era la época de disfrutar, de vivir la vida viéndola desde el otro lado. Era el deseo de jamás detenerse. De engordar juntos y de dominó. Después vino la responsabilidad, después el destino nos encontró y nos convertimos en hombres jugando a ser jóvenes. Pasaron muchas mujeres, pasaron muchas cervezas, pasó un poquito de vida y al final, no nos quedamos sino con nosotros mismos. Los mismos de siempre, los mismos de las llamadas sin sentido, los mismos del café de los lunes, los mismos viciosos sin vicio.

Es mi placer más grande contar a mis amistades, aunque sea un placer rápido.

Hoy recibí una llamada importante, pero ese es otro post.