martes, diciembre 01, 2009

En busca de la década pérdida...

Hoy estaba viendo una de esas cadenas de correo electrónico, que hablan sobre las décadas: las hay sobre los 80's, para la gente que nacimos en ella, las hay sobre los 90's para la gente que crecimos en ella. Me pregunto si en poco tiempo alguien se decidirá a hacer una sobre los 00's. Seguro que sí, hay tanta gente ociosa que no hace nada más que llevar un blog jejejeje...

En el inicio del último mes de la década tengo que hacer un recuento de vida jeje... y es que no es cosa fácil sobrevivir 10 años; hoy que estoy aquí, recuerdo, porque recordar es lo único que me queda, el inicio de una era cuando aquella mañana del 1.- de enero, me quedé despierto toda la noche, para ver el primer amanecer del milenio. Recuerdo el inicio de la democracia en México, y la angustia con la que todos esperábamos el resultado de los comicios, recuerdo haber celebrado después de eso.

Recuerdo mi secundaria como algo pasajero; una transición entre la niñez y la vida real, cuando me dedicaba al deporte y el mundo se definía como un pequeño poblado de Guanajuato en donde no había absolutamente nada mejor que hacer que ir al cine los viernes, donde se reunían todos los niños de la misma edad a, sin temor a equivocarme, simplemente perder el tiempo. Pero también tengo una vaga remembranza de mi primera novia: Yo creo que fue ahí cuando empezaron los problemas.

Recuerdo ver caer dos torres inmensas destrozadas en segundos y recuerdo que al año siguiente fue una torre más grande la que se cayó en la misma fecha. Mi abuelo murió un 11 de septiembre también. Recuerdo que un verano antes de que muriera, fuimos a todos los partidos de la copa de Oro que se celebró en México. Pasé ese verano con mi prima en Satélite, eramos imparables y yo tenía el cabello más allá de la barbilla y en abundancia. Mi padre me regaló entradas dobles para todos los partidos jugados en el estadio Azteca. En una platea que estaba en primera fila, exactamente detrás de las bancas. En el centro del campo. Recuerdo que una noche llovió y mi abuelo, que en ese entonces ya no era un niño, y yo nos mojamos todos. Poco nos importó después de haber visto ganar a México y clasificarse a la final.

Pase el inicio del año 2002 en Canadá: increíble ver la nieve por primera vez y estar tan lejos de mi país en una fecha tan importante. Fue un acercamiento a otra cultura, fue conocer algo que jamás pensé que existiera, el mundo real resultó contrastante para mí. Uno jamás se imagina que la gente es tan parecida y tan diferente al mismo tiempo. Somos parecidos en las generalidades, que marcan la mayor parte de nuestra vida, sin embargo, somos tan diferentes en los pequeños detalles, que inclusive a veces los pequeños detalles terminan por ser más importantes que las generalidades.

Hoy que pasaré el fin de esta era en un continente diferente, sigo sorprendiéndome con las pequeñas diferencias que normalmente me gustan, aunque a veces las detesto. Cuando veo hacía aquellos días, pienso que no podría haber un lugar mejor en el mundo para coronar mi década y empezar la que sigue. Tal vez, y con algo de suerte, el fin/inicio de los 10's sea en algún otro lugar interesante.

Para empezar la preparatoria me mudé a un polo de desarrollo, suena más sofisticado, pero en realidad sólo quiere decir una "ciuda' más grande", empecé una nueva vida, con amigos que aún conservo y que pretendo conservar por largo tiempo. Empezó en mí una etapa de independencia y de rebeldía fundamentada.

Recuerdo mi primer empleo y lo impresionante que fue tener el mismo trabajo de un egresado de la universidad a la que yo quería entrar, de la misma carrera a la que yo quería entrar. Por un lado, me sentí muy bien posicionado, aunque por el otro fue una decepción para el futuro. Sin embargo, como ya lo he dicho antes, los pequeños detalles son los que marcan la verdadera diferencia. Años más tarde, ese joven, envió un correo electrónico solicitando egresados que quisieran trabajar a su cargo en una empresa estadounidense. Recuerdo mi primer día de trabajo, y a mi madre tomándome video y entrevistándome antes de irme. Disfruté cada instante de ese empleo, los momentos buenos, los momentos malos, las fiestas, los sábados de cruda y toda la gente que ahí conocí. Todavía al día de hoy me gustaría volver a ese ambiente. Recuerdo salir de la escuela con Paulina y con Sonia para llegar temprano, y tomar nuestro "Training" en la generación 32 de Teletech. El facebook es una cosa fabulosa, gracias a él hoy día puedo seguir en contacto con la gente de esa generación.

Tanta gente que ha pasado por mí vida y que me ha dejado algo; sea grande, sea pequeño, pero se ha quedado de una u otra manera; al mismo tiempo, uno de mis triunfos en la vida ha sido dejar huella en cuanta gente he podido. Dejarles algo bueno, de lo poco que sé de la vida en sí.

Recuerdo cuando conocí el amor, aunque recuerdo más aquella tarde campirana, entre las montañas de Jalisco, donde encontramos un pequeño lago y un sembradío para tomar unas fotografías (encargo de la escuela); que aún guardo quizá por recuerdo, quizá por melancolía; en las que salíamos los dos, con el sol detrás y una flor que representaba nuestro amor. Recuerdo su mirada, profunda, templada, calmada. Siempre tenía un plan, inclusive si el plan era no tenerlo. Siempre tenía el control inclusive cuando era hacerme pensar que yo lo tenía. Típico de las mujeres. Típico de ella. A veces me pregunto a donde la habrá llevado el destino. Espero que éste bien y que recuerde con cariño el tiempo que vivimos lado a lado. Yo lo hago.

Recuerdo mi equipo de fútbol, después de dos años de no jugar, eramos malísimos, pero nos divertíamos mucho. Recuerdo que Diego nunca quería ser portero y siempre había que convencerlo en el último minuto de que tenía que serlo. Él siempre prefería jugar basketball porque abusaba de los otros muchachos que no eran tan altos como él.

Recuerdo haber pintado mi casa, lentamente, poco a poco. Nacho, Diego y yo. Algunas veces también la novia de Diego. Unos días el trabajo era tan pesado que todos terminábamos con dolor de espalda, otros terminaban en fiesta cuando íbamos a buscar René a su casa y éste salía siempre igual: unas chanclas, unos shorts y una playera de fútbol; fuera la del América o la de México. A veces todavía nos burlamos de él por siempre estar en la pereza recién llega a su casa. Unos días tomábamos mucho, otros tomábamos mucho más. Fue una época muy divertida, buenos amigos, juventud y cerveza es la fórmula perfecta. Recuerdo los sábados en el parque, cuando Diego salía de casa de su novia y nos encontraba de juerga, casi siempre se nos unía.

Después me salí de mi casa. Recuerdo el apoyo de los que me lo dieron y también recuerdo a los que no lo hicieron, aunque trato de no hacerlo. Recuerdo a Mayra en su cocina, siempre apurada por el servicio al cliente; promoviendo mis habilidades de cerrajero y mis destrezas como mesero. Nunca me negó un trago después de haber cerrado el restaurante, nunca me negó un juego de dominó y tampoco nunca me dejó de molestar con la "comunidad Monaghan". Recuerdo el Monaghan, aquél bar de mala muerte, dirían algunos. Para mí siempre fue un refugio, un lugar donde las margaritas sabían a margaritas y los precios era realmente accesibles. Un lugar donde podía pasar, algunas semanas, hasta 5 noches ahí. Me encantaba ese sitio y me trae tantas memorias. Tantas buenas noches que acababan en el Monaghan, tantos besos, tantos tragos, tantas mujeres.

Para mi cumpleaños 19 volví a mi casa, volví con un sueño, volví con una meta: un objetivo que agradezco a quién lo deba, lo cumplo en este momento al escribir estas letras a menos de 1 kilómetro de la torre Eiffel. Trabajé muy duro para lograrlo. Fueron varios trabajos, ahorro, clases de francés, y ver mi libertad; ganada cuando había decidido independizarme; coartada nuevamente. Sin embargo vinieron cosas buenas también. Vino el bar: el Budha, y que bar. Podría escribir un libro entero sobre él y las cosas que en él se cocinaron. Recuerdo a Michel sirviendo tragos al por mayor, la música suave de Mecano y la puerta del baño que nunca cerró. Si Michel viera como son algunos bares en París no se avergonzaría, como lo hace, de los desperfectos que tenía el Budha. Amaba la cerveza tibia que ahí se vendía, sólo por que se vendía ahí. Cambié de refugio y conocí la amistad del dueño: que ojalá mantenga por mucho tiempo.

Con el bar también llegó ella, y con ella mis desventuras, pero también buenas historias.

Recuerdo haberla visto una noche de luna llena, y recuerdo haberme enamorado, aunque no sepa en que momento. Idolatraba el billar y siempre quería jugar, no importaba contra quién. Siempre quería que la llevara al bar. Ahí estábamos siempre. Fue nuestra guarida y fue nuestro palacio. Ahí nos conocimos y ahí terminamos. Ahí hasta nos casamos. Tal vez haya sido ahí donde me enamoré. Recuerdo la llamada que me hizo para cancelar la cita que teníamos un miércoles en la tarde. Yo estaba conversando con una maestra y sonó mi celular. Era ella, me dijo que no podría salir conmigo por que su madre no la dejaría salir. Entonces yo le sugerí que nos viéramos antes de que llegara su madre; ella me dio la dirección y en ese mismo momento me fui a buscarla.
Cuando llegué a su casa, la vi, con esa blusa amarilla que parecía tener los colores de la guacamaya más viva de la selva. La vi meneando la sopa en el silencio de su casa vacía, en el frío de principios de Noviembre; y supe exactamente que ella era lo que quería en la vida.

El Budha cerró a principio del verano, mala administración. Recuerdo haberle dicho a Michel muchas veces, que yo podría ayudarle. Nunca se concretó nada. Al final, cuando el bar ya estaba cerrado, empezamos un negocio de logística en eventos. No diré que fue un fracaso rotundo, pero definitivamente no fue un éxito. Michel ha seguido ese camino y creo que le ha ido bien.

Al final, las cuentas no las hace uno, las hace la vida. Uno se congratula solamente con ver pasar los pasivos y convertirlos en activos. De las añoranzas a los recuerdos. Y de los momentos que sencillamente ya no existen. Por que al final, ese es el presente, es la media entre lo que se añora y lo que se recuerda. Por eso me gustan las fotografías, por que ellas saben guardar un momento. Al final esta década no me deja nada. Pero en ella vi pasar muy buenas cosas: Muchos Cervantinos, muchas ferias de San Marcos, muchos rallies, muchos viajes, muchas playas; demasiado aprendizaje; muchas chicas que pasaron junto a mí; muchas cosas que contarle a los que me sigan; amistades por el mundo.

Esta década que empieza, la comienzo desde cero. Por que, hasta hoy, me he acabado todo cuanto tengo. Viene una época diferente. Viene el comienzo de muchas cosas. Aunque me faltan muchas aventuras por recorrer, creo que viene una etapa de sedentarismo. Ya después volveré a ser trotamundos. Se termina mi vida de estudiante y comienza la parte de la aplicación. Ojalá que en los recuentos de la década que venga, me tope con tantas alegrías como lo he hecho el día de hoy.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal