Zacatecas
Imaginense estar en el centro de la ciudad a las nueve de la noche al la expectativa de un taxi, dispuesto a llevarte a un antro en la punta de un monte.Vas con unos diez amigos y todos están impacientes por llegar. La ciudad está tan llena de gente que resulta imposible para los ruleteros dar abasto a la demanda de transporte.
De repente en medio del alarde, en un semáforo se detiene un taxi. Mis amigos y yo no dudamos, lo abordamos de inmediato. Estabamos viendo como nos metíamos ahí los diez, se abrieron las tres puertas de aquel tsuru y entramos todos con gran entusiasmo. Claro, después de haber esperado media hora, cualquiera se habría puesto feliz.
No cabíamos todos y el taxista empezó a pedirnos que nos bajaramos. Todos pensamos que no nos querría llevar pues eramos demasiados, le pedimos que nos llevara, que sería rápido y que no tendría problemas pero él seguíoa argumentando que bajaramos de su auto.
Entre todo el alboroto comenzamos a salir, fue entonces cuando nos dimos cuenta de que el taxista no era de zacatecas. Por eso no nos podía llevar. Fue realmente bastante gracioso. Whoao.


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