Desde un lejano salón...
Estamos a una temperatura aproximada de 5 grados centígrados, tengo las manos helando, la boca me sabe a nada y una bocanada de aliento se me escapa sin querer. Los estragos del invierno provocan un silencio inmortal, una paz que se siente pocas veces y que sólo es irrumpida por el breve alarido de las aves, no puedo creer que haya aves con este clima. Además está tan húmedo que siento las partes de mi piel a la interperie; húmedas.
Debo caminar hasta el aula del fondo del pasillo, el cuál es un largo letargo sin protección alguna, sólo un techo con dos lámparas colgando transversalmente cada 5 metros. A lo lejos se alcanza a ver el monte, vacío, llano, libre de cualquier tipo de uranización. Llegó a mi salón y entonces sucedió, pensé, yo ya había estado aquí. Deja vú!!!!!!!!!

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