un servicio espantoso
"Estaba trabajando, como siempre en un restaurant del centro. Era un domingo por la tarde y el calor latente se colaba por las ventanas a pesar de la buena ventilación que tiene el lugar. De pronto entraron eran diez personas que pidieron su mesa, yo me decidí a atenderlos y les ofrecí pasar del lado donde me tocaba atender las mesas a mí. Todo iba bien, les lleve pan y salsas para que tuvieran un buen entremés que les abriera el apetito, les lleve sus bebidas. Inclusive tomé sus ordenes.
Regresé a la mesa con la mitad de los platillos que habían pedido, entonces notamos algunas anomalía, pues ellos negaban haber pedido un corte de carne que yo les llevé.
De pronto un joven muy guapo me preguntó
-¿Quién ordenó ese platillo?
Yo me limité a contestarle de forma tajante, cortante y grosera
-aquí lo pidieron y ya no se puede cancelar
entonces regresé a la cocina por el resto de sus platillos y cuando los conté, noté que faltaba uno de ellos, pero decidí hacerme guaje y decirles que nunca me lo pidieron, el joven ya molesto me pidió que esta vez tomara, yo, nota de lo que pedían y trajera el platillo que faltaba.
De plano esa mesa me intimidó y decidí dejar de atenderla, le pedí a un amigo mesero que lo hiciera por mí."
Probablemente eso fue lo que el mesero debío de haber pensado al dar ese espantoso servicio. Lástima por el restaurant, porque en realidad la comida estaba muy buena, pero el servicio dejó mucho que desear.

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